La localidad cacereña de Villanueva de la Vera celebrará desde el 13 y hasta el 16 de este mes de febrero la tradicional fiesta del ‘Peropalo’, declarada de Fiesta de Interés Turístico Regional, entendida como una celebración ritual que se celebra todos los años coincidiendo con el Carnaval.
La fiesta gira en torno a un muñeco en torno al cual se celebran una serie de ritos, desde su confección el Domingo de Carnaval por la noche hasta su muerte en la hogera el Martes de Carnaval por la tarde.

El día más representativo de la fiesta es el Martes de Carnaval con el toque de diana, la recogida de alabardas, la corrida de las elecciones, la salida y ofertorio de los calabaceros, el paseo de la capitana, la jura de bandera y las angarillas y muerte del Pero-Palo.
El Peropalo es símbolo de la libertad, de la alegría vital y de las fuerzas genésicas de la naturaleza, un festejo de gran belleza cromática y musical, ejemplo permanente de la identidad de un pueblo y, también, una muestra de la frágil condición humana.
Como cada año, la llegada del carnaval trae consigo al Peropalo, un pelele de tamaño natural que, en Villanueva de la Vera, es el protagonista del festejo. A lo largo de estos, días se celebran una serie de actos determinados por la tradición, trabados entre sí, que hacen del festejo del Peropalo una de las mejores muestras que se conserva, pese a las deformaciones que se han incorporado a lo largo de los siglos, de los muchos rituales agrarios de fertilidad que se celebraban durante el invierno en buena parte de la Europa prerromana. De hecho, de la conjunción de elementos de varios de ellos, articulados en algunas fiestas romanas, procede el propio carnaval, ya que la explosión de libertad en todos los órdenes que en estas fiestas paganas había fue reconducida por la Iglesia en la Edad Media, al agruparla en los días previos a la cuaresma, cuyo inicio señalaba el próximo cambio de estación.

En Villanueva de la Vera, el hilo conductor de todos estos elementos paganos del carnaval ha sido y es el Peropalo, en cuyo ajusticiamiento y muerte ritual todavía participa todo el pueblo, que entiende así el sentido actual de la fiesta como una expresión colectiva de la identidad común partocha (villanovense).
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