Fiesta de La Octava del Corpus

La Fiesta de la Octava del Corpus se celebra el fin de semana siguiente al Corpus Cristi en Peñalsordo, y tiene su origen en los hechos acaecidos en el siglo XVI durante la sublevación de los moriscos en la Alpujarra. Esta sublevación, al parecer, contó con otros levantamientos de grupos de moriscos por diversos lugares de la Península, entre los que se señala el acaecido en la vecina localidad de Capilla, a pocos kilómetros de Peñalsordo, y que dio como fruto la conquista del castillo por parte de estos moriscos.

Esta singular festividad se inicia la noche del sábado, cuando el Sargento de la Hermandad recorre el pueblo a caballo mientras que se le unen los otros Hermanos del Santísimo Sacramento portando teas o jopos encendidos.

Después de este recorrido todos se dirigen a la plaza, donde después de dar varias vueltas a la fuente, suben al balcón del Ayuntamiento para dar las “mojiangas”, poemas satíricos y jocosos donde se relatan los hechos más llamativos que han sucedido en el pueblo en ese año, en un tono gracioso.

Durante la jornada siguiente, día de la Octava, el domingo, se desarrollan nuevos actos que culminan con la conmemoración jocosa del asalto de los carneros al castillo. Los cofrades cabalgando sobre asnos, ataviados con atuendos de vistosos colores y cubierta la cabeza con una especie de mitra o tiara, se encaminan al Cacho Dehesa para celebrar Las Alcancías.

Durante el trayecto reciben al Abuelo y Abuela, esta un hombre disfrazado de mujer, la cual porta en brazos al muñeco “Rafaelito”, el nieto, y también acuden jinetes sobre asnos, tocando castañuelas.

Tras otras actuaciones entre las que destaca el Bandear o exhibición de la enseña, que realiza cada hermano en la plaza, la fiesta remata con una pintoresca representación en la que Las Vaquillas (dos hombres disfrazados toscamente) persiguen a los jinetes para derribarlos de sus cabalgaduras.

La Fiesta de la Octava concluyen con una misa durante la cual los hermanos hacen sonar los cencerros que llevan en la cintura. Concluida la ceremonia religiosa, después de la procesión, los cofrades forman delante de la Iglesia una torre humana, sobre la que el abanderado ondea la bandera como exaltación de la conquista del castillo a los moros.

 

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